En Michoacán, los fantasmas del pasado y la narcopolítica no dejan de rondar. El propio Carlos Manzo, alcalde de Uruapan asesinado el pasado fin de semana, señaló con nombre y apellido a los responsables: el exgobernador Leonel Godoy Rangel y el exalcalde Ignacio “Nacho” Campos.
Manzo no solo lanzó acusaciones, sino que trazó un mapa de complicidades que, de confirmarse, exhibiría la continuidad de redes de poder vinculadas al crimen organizado.
“El señor Leonel Godoy fue quien abrió las puertas de Michoacán a la narcopolítica, y hoy seguimos pagando las consecuencias”, sentenció Manzo.
El alcalde acusaba directamente a Godoy y a Campos de operar políticamente a favor de Raúl Morón, el exalcalde de Morelia y posible aspierante a la gubernatura de Michoacán en 2027. Según Manzo, ambos buscan reinstalar una estructura de control político que combina intereses partidistas con la influencia de grupos criminales.
La denuncia no se quedó en el plano político. Manzo afirmó que existe un cuñado de Ignacio Campos con vínculos directos con un cártel local, y que tanto Godoy como Campos habrían estado implicados en el asesinato de un policía y el incendio del Mercado Tariácuri.
“Si Leonel Godoy quiere saber quién es el cuñado de Nacho’ Campos, que le pregunte a su hermano Julio César Godoy —dijo Manzo—, que fue señalado por sus nexos con ‘La Tuta’. No hay que buscar muy lejos.”
Las palabras de Manzo reavivaron una herida profunda en la historia reciente de Michoacán. Julio César Godoy, hermano del exgobernador, fue prófugo de la justicia desde 2010, tras revelarse audios en los que conversaba con Servando Gómez Martínez, “La Tuta”, líder de La Familia Michoacana. En aquel entonces, la imagen del PRD quedó gravemente dañada por el escándalo.
Ahora, más de una década después, las acusaciones de Manzo traen de vuelta el debate sobre si la política michoacana logró alguna vez desprenderse del crimen organizado.
Lo más grave, el alcalde aseguraba que tanto Godoy como Campos buscaban atentar contra su vida. Un señalamiento que, de ser cierto, pondría en evidencia el nivel de descomposición política y de violencia que se sigue gestando en el estado.
Mientras tanto, Raúl Morón guarda silencio. Pero el silencio, en Michoacán, suele tener peso político.
Las acusaciones están sobre la mesa ¿Leonel Godoy y su grupo político tuvieron algo que ver con el asesinato de Carlos Manzo?

