La sombra de la narcopolítica volvió a colocarse sobre Morena. Una investigación difundida por Los Angeles Times señala que autoridades de Estados Unidos tienen el ojo puesto sobre el gobernador de Sonora, Alfonso Durazo, y el de Tamaulipas, Américo Villareal, por supuestos vínculos con el crimen organizado. La revelación sacudió al oficialismo en un momento particularmente delicado para el partido en el poder.
El caso resulta especialmente incómodo para Morena porque Durazo no es un militante cualquiera. Fue secretario de Seguridad federal durante buena parte del sexenio de Andrés Manuel López Obrador y actualmente encabeza el Consejo Nacional del partido. La investigación estadounidense se suma a una serie de señalamientos recientes contra figuras cercanas al movimiento gobernante, alimentando cuestionamientos sobre la relación entre poder político y grupos criminales.
La presidenta Claudia Sheinbaum pidió a ambos mandatarios aclarar la situación, mientras los gobiernos de Sonora y Tamaulipas negaron tener conocimiento de investigaciones formales o de alguna revocación de visas. Sin embargo, el hecho de que la propia mandataria reconociera la necesidad de explicaciones exhibe la magnitud del problema político que enfrenta Morena.
El episodio revive viejos fantasmas en Tamaulipas, una entidad marcada durante décadas por acusaciones de infiltración criminal en las estructuras de gobierno. Diversos exgobernadores del estado enfrentaron investigaciones por presuntos nexos con organizaciones del narcotráfico, antecedentes que hoy vuelven a colocarse en el centro del debate público.
Aunque hasta ahora no existen acusaciones judiciales públicas contra Durazo o Villareal, la investigación estadounidense representa un nuevo golpe para la narrativa de Morena sobre el combate a la corrupción y la delincuencia organizada. Mientras el gobierno federal insiste en denunciar intervencionismo extranjero, las revelaciones provenientes de Estados Unidos continúan acumulándose y erosionando la credibilidad de un movimiento que llegó al poder prometiendo una ruptura con las prácticas del pasado.
