El golpe que recibió Jake Paul en el cuadrilátero de Miami no fue únicamente físico. El nocaut propinado por Anthony Joshua el pasado 19 de diciembre marcó un punto de quiebre en la carrera del youtuber convertido en boxeador profesional y dejó al descubierto la fragilidad de un ascenso que, para muchos, había sido tan mediático como polémico. La Asociación Mundial de Boxeo (AMB) tomó nota: en su ranking más reciente, correspondiente al cierre de 2025 e inicio de 2026, Paul fue excluido de los primeros 15 puestos del peso crucero, alejándolo de cualquier posibilidad inmediata de disputar un título mundial.
La decisión del organismo rector no pasó desapercibida. Llega apenas días después de una pelea que, aunque no tenía un cinturón en juego, sí puso en entredicho el lugar que Paul ocupaba en el boxeo profesional. Su salida del ranking borra de un plumazo el reconocimiento que había conseguido tras vencer en junio a Julio César Chávez Jr., triunfo que lo llevó hasta la posición 14.
Pero el saldo del combate va más allá de las listas y los números. Jake Paul sufrió una fractura de mandíbula como consecuencia directa del nocaut en el sexto asalto, una lesión que no solo compromete su recuperación física, sino que añade incertidumbre a su futuro.
Con un récord de 12 victorias —siete por nocaut— y dos derrotas, el experimento de llevar la fama digital al boxeo de alto nivel enfrenta su prueba más dura. El mensaje que deja este episodio es claro: el ring no distingue entre celebridades y contendientes legítimos. Y cuando el espectáculo se impone sin respaldo suficiente, la realidad, tarde o temprano, termina por cobrar factura.

