Palacio Nacional amaneció nuevamente cercado. Las vallas metálicas volvieron a imponerse sobre el Zócalo capitalino como símbolo de un gobierno atemorizado
Por su parte, la presidenta Claudia Sheinbaum justificó este martes el blindaje de la sede del Ejecutivo “para prevenir enfrentamientos” ante la marcha convocada por el movimiento Generación Z para el próximo 15 de noviembre. “Es mejor poner las vallas a que haya un enfrentamiento, aseguró”.
El argumento, sin embargo, choca con su discurso de apertura y libertad. La mandataria no solo ordenó levantar muros de acero alrededor de Palacio, sino también anunció que su gobierno investigará quiénes están detras de la movilisación, que —dijo— “ya fue asumida por la oposición.
La declaración abre un nuevo frente, el de la vigilancia política sobre quienes se organizan para manifestarse. “Vamos a hacer un análisis de cómo se ha ido convocando esta manifestación, advirtió.
Sheinbaum sostuvo que su gobierno “cree en la libertad de expresión”, pero la promesa suena hueca entre los cerrojos metálicos y el anuncio de investigaciones. Al referirse a los presuntos promotores, mencionó incluso al expresidente Vicente Fox.
Las vallas, de tres metros, fueron instaladas por la Secretaría de Seguridad Ciudadana la noche del 11 de noviembre. Son las mismas que se soldaron en anteriores protestas feministas, las mismas que se repiten gada vez que el gobierno teme una expresión social masiva.
A solo unos días de la marcha, el mensaje es claro: el Zócalo no se abre, se refuerza. Y el gobierno que prometió no reprimir, prefiere cercar y señalar.

