Andrés Manuel López Obrador volvió a la escena pública para reivindicar una de las decisiones más controvertidas de su sexenio. En una carta dirigida a Donald Trump, el exmandatario recordó que intervino personalmente para que Estados Unidos retirara los cargos contra el general Salvador Cienfuegos y permitiera que el caso fuera investigado en México.
Lejos de marcar distancia, López Obrador presumió que pidió “revisar” las pruebas presentadas por la DEA porque su gobierno dudaba de su autenticidad. Según su versión, Trump accedió y el expediente fue trasladado a México, donde las autoridades decidieron que se trataba de una represalia política. La confesión revive uno de los episodios más cuestionados de su sexenio.
El caso Cienfuegos se convirtió en símbolo de una política que para sus críticos privilegió la protección de las Fuerzas Armadas por encima del esclarecimiento de acusaciones graves. La exoneración del exsecretario de la Defensa ocurrió después de intensas gestiones diplomáticas del gobierno mexicano, que exigió la devolución del expediente y cerró la investigación en cuestión de semanas.
La reaparición de López Obrador ocurre en medio de nuevas tensiones entre México y Estados Unidos por señalamientos contra funcionarios vinculados a Morena. En su carta, el expresidente respaldó plenamente a Claudia Sheinbaum y denunció una supuesta estrategia de Washington para debilitar a la llamada Cuarta Transformación, retomando el discurso de injerencia extranjera que ha utilizado el oficialismo frente a acusaciones provenientes del vecino del norte.
Las declaraciones también reavivaron el debate sobre los costos políticos de una decisión que permitió el regreso de Cienfuegos a México sin enfrentar un juicio en Estados Unidos. Para la oposición, el episodio evidenció (una vez más) cómo el gobierno de la 4T cerró filas en torno a figuras del poder mientras exigía combatir la impunidad.
